07:50. Toque de diana.
08:30. Espero en el sitio acordado.
09:00. Por fin llega el coche, le ha llevado cerca de media hora poder arrancar. Expectativas altas para comenzar.
Finalmente solo somos tres. Nuestro destino es, como ya dije anteriormente, Ochate. No tenemos ni grabadora ni cámara, ni intención de pasar allí la noche sino merece realmente la pena.
Podría decirse que nuestra intención es hacer una primera toma de contacto con el pueblo.
El itinerario a seguir es Santander – Bilbao – Vitoria – Ochate.
No deberíamos tener demasiados problemas excepto por el coche, un viejo Renault 5 con cierta frecuencia a dejar de funcionar, y a que quizá nos cueste encontrar el pueblo en cuestión.
En Bilbao ni nos detenemos, ya lo tenemos muy visto y no es cuestión de perder el tiempo, que tampoco el coche es que vaya muy rápido. (Imposible superar el limite, ni queriendo).
En cambio Vitoria es otra cosa, ninguno habíamos estado allí antes, así que bajamos del coche y estuvimos un buen rato de turismo.
A destacar de Vitoria:
* Los edificios tan limpios y simétricos, tan artificiales (y mira que es redundante que un edificio se artificial).
* Las calles tan limpias y deshumanizadas (literalmente había poca gente)
* Aquel extraño policía que hacia patrulla paseando en la parada del autobús.
* La impaciencia de la gente en general. No pasa medio segundo desde que el semáforo se pone en ámbar hasta que te pitan para que te muevas. Tal vez en esto sean demasiado humanos…
*El monumento a la batalla de Vitoria.
Finalmente nos proveemos de víveres y procedemos a disfrazar el coche de cazafantasmas. Escuchamos la banda sonora de la película hasta la nausea.
Debía ser sobre las dos de la tarde cuando finalmente nos bajamos del coche y empezamos el ascenso hacia el pueblo.
Mientras me peleo con el móvil (primero para poner el temporizador y luego para acomodarlo en el techo del coche y poder hacernos una foto) los otros dos aseguran que han escuchado pasos a su alrededor.
Pero no había nadie allí. Mientras estamos en el pueblo se escuchan más veces esos “pasos”, incluso yo los escucho un par de veces. Pero solo me parecen vibraciones de la verja, seguramente causados por otros que como nosotros se equivocaron de camino.
Para no faltar a la tradición nos equivocamos de camino, y acabamos teniendo que saltar una verja.
Por una vez no soy yo el accidentado, y digamos que es otro el que tiene problemas…
Para que suavizarlo, poco más y se deja los huevos en el alambre de espino.
> Pedro, estás ahora como para que aparezcan los humanoides.
> Como aparezcan ahora solo va a ser cuestión de a ver quien se descojona más.
Y bueno, acabamos llegando al
pueblo.
La torre del campanario, 2 edificios que aún mantienen alguna pared y una casa relativamente intacta (pero que todavía se usa y a la que es ilegal acceder).
Lo de los edificios no esta mal. Si uno ha jugado mucho al Shadow of the Colossus seguramente tendrá sincio de probarlo por su cuenta, pero la novedad se acaba muy rápido.
Decorando las ruinas nos encontramos pinturas rupestres, en general monotemáticas.
“Iker miente”.
“Iker culpable”
“Iker maketo”
“Iker tiro en la nuca”
Pero en general nos damos cuenta de una cosa. Un pueblo fantasma pierde mucho si te encuentras restos del botellón de la semana anterior.
Tras la comida subimos a la ermita abandonada, ahora con un pentáculo y una cabra decorando el altar.
La verdad, no se si fue dibujado por algún niñato que así se siente valiente o por algún desuellacabras que piensa que es mejor agachar la cabeza ante la otra cara de la moneda.
El caso es que está claro; incluso la unión de de símbolos de Yahvé y del demonio dejan de impactar si te encuentras al lado una caja de donetes.
Finalmente dejamos el pueblo, no hemos encontrado la necrópolis ni falta que nos hace (a saber, puede que las tumbas las usen para tirar los condones usados).
No hemos encontrado nada fuera de lo común, pero por lo menos nos queda un sonsuelo. Seguramente somos los únicos que nos hemos presentado en el pueblo con la música de los cazafantasmas (gracias a unos minialtavoces conectados a mi MP3).
Es durante el viaje de vuelta cuando suceden los verdaderos sucesos paranormales:
*A pesar de haber estado todo el tiempo sin camisa bajo el sol no me he puesto para nada moreno.
*El coche es capaz de superar los 120 Km/h y no se nos cala ni una sola vez.
*Una vez en Vitoria somos tan inútiles de tirarnos casi tres cuartos de hora para encontrar la salida de la ciudad correcta.
*En Bilbao nuevamente nos pasa algo parecido, ni yo que soy el que ha estado más veces acierto a orientarme. (Claro que puede que normalmente suele ser noche cerrada y tengo un poco saludable nivel del alcohol en sangre cuando me oriento).
Sobre las nueve de la noche llegamos a Santander, juramos nunca mas gastar tanta gasolina para ir a ese pueblo.
Había fantasmas allí, pero éramos nosotros.