Hay un momento en
Mejor imposible que me hizo darle vueltas a la cabeza, y que con el tiempo se ha convertido en esta entrada.
Tú haces que quiera ser mejor persona.
Tonterías románticas aparte, me ha llevado a preguntarme hasta que punto otras personas pueden influir en lo que somos capaces por nosotros mismos. No por querer agradar a otra persona, sino por la “fe” que esta tiene depositada en nosotros.
Si una persona a quien respetas, e incluso admiras en parte su carácter o su forma de vivir, quien te conoce tan bien que puede predecir cual será tu siguiente paso tan bien como tu el suyo.
Si esa persona dice que ve en ti cualidades o una voluntades que ignoras, e incluso no crees que estén ahí. Pero acabas por descubrir, ¿estuvieron siempre allí o ha sido la fe de esa persona junto a tu confianza en ella las que las han depositado allí?
Esa gente puede hacer que te inclines hacía el “lado luminoso” cuando otras emociones te son mucho mas atractivas en ese momento.
O hacerte creer que tienes fuerzas cuando ya se te han agotado. Y continúas más por lealtad que por ti mismo. Pero en fin, siempre luche mejor las causas ajenas que las propias.
Ahora escucho de nuevo esas voces que intentan de nuevo que saque fuerza de donde no la hay.
”Tú puedes con ello”
”No sé si podrás. Pero tú eres incapaz de rendirte.”
Ayer me preguntaron si creía que tenía madera de perdedor.
Creo que sí. Realmente lo único que he hecho desde que tengo memoria es ir de derrota en derrota. Ganando solo en aquellas situaciones que me permitieran perder en lo que realmente me importaba.
Pero la verdad, nunca he escarmentado durante largo tiempo. Solo me hacía que aumentara mis ganas de que todo saliera bien.
Resulta casi cómico. Alguien que busca por encima de todo algo que ni siquiera ha probado. Y que no sabe si eso le llenara si es que en algún momento lo consigue.
Sé que hay algún personaje de ficción que se asemeja a esto. Tendré que intentar recordarlo.
¿Será Locke? Yo ya entonaba aquello de
”No me digas lo que no puedo hacer” años antes de que existiera esa serie (puede que sea el punto final que me hizo encariñarme con el personaje). Es raro pero a mí, que nunca fui capaz de lograr objetivos humildes, pronto los imposibles se convirtieron en lo único atractivo.
Fran. No soy equilibrado. Ni mi cabeza me da soluciones. Lo único que me dice es que no hay nada que hacer, y que abandonar es inaceptable.
Krakovf. Lo siento. Pero realmente creo que nunca he aprendido nada de las derrotas. Salvo que no era lo bastante bueno como para lograrlo.
Bata. Esto es lo que soy. Y mi punto fuerte (que como en toda obra de CF es también mi punto débil) es que soy demasiado obstinado para abandonar algo una vez me he comprometido.
Pedro. Prometí que lo conseguiría. Que si regresé de Madrid en bus y no en una urna era para compensar todo lo anterior, y convertir Madrid en un punto de inflexión y no en la derrota final.
Pero han pasado ya 10 meses, y todo avance parece más un premio de consolación que un avance real.
Pero prometí que lo lograría y eso pienso hacer. Aunque no tengo ni idea de cómo.