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Miércoles, 16 de agosto de 2006

Solo un día más



Llevo unos días desconectado de la tecnología. No he podido conectarme al MSN, apenas he aparecido en Sedice, y por supuesto tampoco he podido escribir en el blog. Tengo algunas entradas pendientes.

Esta es una entrada que más o menos escribí en mi cabeza el pasado 10 de agosto.

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Me encontraba en la zapatería. Por fin había superado la pereza y comprado un par de zapatos, ya no tendría que ir con esas zapatillas andrajosas.
Entonces aparecía ella y sin mediar palabra me plantaba un beso y me saca de la mano del supermercado. ¿Pero no era una zapatería?

Siguiente escena. Los dos estamos en mi calle. Vamos a mi casa ya que no hay nadie más. Pero no se que hago vestido con una falda de paja a lo hawaiano y aunque ahora lo veo claro, en el sueño no tenía ni idea de porque la llevaba a mi casa, solo sabía que tenía que hacerlo.
Pero ese maldito chucho que ella llevaba se negaba a dar un paso, ni arrastrándolo conseguía moverlo del sitio.

De pronto me llaman al móvil. Un tal Martú al que no conocía de nada, ni él a mí.
Pero ella se da cuenta de que en realidad no es mi móvil, sino el de otro amigo (llamesmole J), debemos habérnoslos intercambiado por error.
Quiero recuperar mi móvil. Intento llamar a la novia de J para recuperar mi móvil, pero solo recuerdo su numero, no el prefijo.

El resto del sueño esta borroso. Solo recuerdo que intentaba averiguar sin ningún éxito el maldito prefijo, y que por supuesto, nunca llegábamos a mi casa.


Finalmente a las 8 de la mañana suena el despertador.

Maldita sea. Después de meses queriendo olvidar vuelvo a soñar con ella, y justo hoy. No puede ser casualidad. ¿Nunca olvidare?

Me hubiera gustado ponerme las zapatillas y salir a correr por la playa. Me gusta salir en esas condiciones, con kilómetros de playa para mí solo, y pronto cansándome lo suficiente como para no pensar en nada salvo en respirar.

Pero no. Tengo que quedarme en casa arreglando el maldito ordenador.
Que así sea. ¿Qué mejor forma de empezar el día que maldiciendo y pasando calor entre el calor que desprenden los dos ordenadores?

Hacía el mediodía llega un SMS. Es Pedro, que me felicita por los 21 años, y hace alguna referencia a buscarme novia.
Sonrió. Estaba seguro de que aunque estuviera en otra ciudad precisamente él se acordaría. También rió lo de buscarme novia, últimamente se esta convirtiendo en un deporte nacional.

Hacía el mediodía mi madre también recuerda que hace 21 años que ando por casa y pretende felicitarme. Hubiera preferido estar de buen humor.
Un rato después de hablar con mi madre, mi padre y mi hermano también “recuerdan” mi cumpleaños y me felicitan. Un instante después proceden a meterme prisa con las reparaciones.

A la tarde decido irme al gimnasio. Por mucho que me quede mirando no se me ocurre ninguna solución mágica para el problema. Yo necesito algo de aire y, sinceramente, las reparaciones me importan una mierda.

Al llegar al gimnasio uno de los habituales me felicita. Es el tercero y ultimo que se acuerdan.

En el gimnasio me encuentro bien. Es curioso que esté tan a gusto en un lugar que antes detestaba tanto. Supongo que combinar lo físico con lo intelectual es lo mejor.
O puede que simplemente aprecie cansarme hasta el punto que no pienso en nada, entonces sería todo lo contrario.

Intento deshacerme de toda la ira con los aparatos. Aunque creo que no lo logro del todo.
Al menos consigo una confirmación más de que precisamente no me he debilitado.

Al salir pienso en reunir a los amigos para vernos. Una cosa es que se olviden y otra que pasen de quedar.
Pero luego decido que será mejor que acabe las reparaciones antes de divertirme.

Mi cumpleaños termina conmigo de mal humor, frustrado, sin apenas nada en el estomago.


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Cuando mi hermano mayor cumplió 4 años mis padres quisieron tener un segundo hijo, él que iba a ser yo.
Pasaron los años y no lo conseguían. Al final, cuando mi hermano tenía 10 años ya, mi madre se quedo embarazada.
Siempre me he preguntado si realmente creían que todavía existían posibilidades de que tuvieran un segundo hijo después de tantos años. Si fui una sorpresa o un imprevisto.
Pero que importa esto.

El 10 de agosto de 1985, justo el día que el medico había calculado como fecha prevista del parto, nací yo. He sido puntual desde el principio.
Dicen que tenía los ojos abiertos y que tal y como movía la cabeza parecía que lo estuviera observando todo.
Al parecer era realmente pequeño al nacer. Me contaron que estaba por debajo del peso, y que el envase de suero era más grande que yo. Por lo visto esperaban que creciera débil y enfermizo. Al menos los años se encargaron de quitarles la razón.

Por: Rufus Stunt Bum | Personal | Comentarios (0) | Referencias (0)

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