Jueves, 16 de marzo de 2006
Ayer terminé Muero por dentro, de Robert Silverberg.Realmente es un buen libro que recomiendo a cualquiera que tenga tiempo para disfrutarlo. Y que creo que merece la pena comentar.
Para empezar me llaman la atención dos aspectos del libro.
Porque esta es la historia de David Selig, un telépata. Un ser excepcional al que su poder no le ha traído ningún bien.
Desde pequeño Selig ha escuchado los pensamientos de los que le rodeaban, ha podido conocer su misma esencia y llegar a comprenderles en su totalidad. Pero esto no le ha acercado en absoluto al género humano.
¿Acaso podrías confiar en alguien de quien conoces todas sus fobias, sus anhelos, sus secretos?
David, siempre se mantiene al margen. No es como los demás, y su poder le revela que los demás recelan de él, en el mejor de los casos. Es mejor mantenerse apartado.
Se cuida de guardar su secreto para sí, confiándoselo a muy pocas personas, siempre contra su voluntad.
Al fin y al cabo. ¿Que haría la gente cuando supiera que aquel personaje siniestro al que pretender evitar puede leer en sus mentes como un libro abierto?
No es una persona normal. Y lo sabe. Siempre desde las sombras. Envidiando a aquellos que pueden disfrutar, no de una vida normal, sino disfrutar de la vida.
Como cuando siente autentica furia al encontrar felicidad y armonía en la mente de un hosco granjero (¡Atreverse a ser feliz mientras que "Selig, el poderoso telépata" no es más que un paria!).
Pues hay otros, no muchos pero otros al fin y al cabo, que disfrutan del poder y disfrutan de la vida. Para los que es una autentica bendición en vez de una lacra. Como Tom Nyquist.
A mi entender Tom aparece solo para contrastar con David. Si nos fijamos Tom no actúa de un modo muy diferente al de David. Utiliza su poder en su propio beneficio, aunque no coge mucho más de lo que necesita.
Sin embargo no siente ningún remordimiento. Hace lo que hace y ya esta. David, no. Es lo suficientemente débil como para ceder al poder, pero tiene la bastante entereza como para luego sentirse culpable.
David es así, tiene vocación de mártir. Carga las penas del mundo sobre sus hombros. Y durante toda la novela vemos que no olvida ni un momento todos los errores de su vida. Los lleva siempre consigo.
Y en medio de todo esto su poder empieza a declinar (en realidad ya estaba declinando cuando comienza la novela). Y Selig, lejos de alegrarse intenta aferrarse a él con todas sus fuerzas.
¿Por qué hace esto Selig? ¿Acaso no es el culpable de haberle separado del mundo?
Y sí. Selig puede que hubiera llevado una vida normal (incluso feliz) sin su don.
Pero también sabe que perderlo ahora no le ayudara en absoluto. Ya ha sido aislado de la humanidad. Privarle de su poder solo le dejara más indefenso.
Por: Rufus Stunt Bum | Leido | Comentarios (0) | Referencias (0)