Sábado, 25 de febrero de 2006
El otro día navegando por Sedice encontré un post bastante interesante.
Trataba sobre el momento en que habíamos comprendido que nos habíamos hecho mayores, que éramos adultos. Yo me di cuenta este martes.
Se que el cambio no ha sido algo repentino. Ha sido gradual. Todo este último año ha sido el gran cambio en mi vida.
Describir a una persona es difícil. Y con frecuencia describirse uno mismo es aún más dificil porque no haces más que interpretarte de la forma menos objetiva posible, pero lo único que puedo hacer es intentar ceñirme a la realidad.
24 de febrero del 2005
¿Qué puedo decir de mí? Tenía 19 años.
Apenas me quedaba un mes para terminar el curso de FP, después de eso vendrían tres meses de practicas y tras ellas unas vacaciones y en septiembre ingresar a la universidad, que ya se había postergado dos años por no tener un puto duro con la que pagarla.
Algunos de mis amigos habían abandonado los estudios hacía tiempo, otros compaginaban estudiar con un trabajo a media jornada. Yo no había trabajado nunca, dependía al completo de la paga que me daban en casa. Afortunadamente nunca fui muy proclive a los grandes gastos.
Esto último podría corroborarlo cualquiera. Por lo general una persona proclive a los gastos suele dar bastante importancia a la apariencia. Y alguien cuya ropa preferida son los chándal y que rara vez se peina no encaja muy bien en ese perfil.
Pesaba 87 kilos. Cualquier médico me hubiera dicho que debía perder 15. Como si no hubiera intentado adelgazar durante años sin ningún resultado, en los últimos 8 meses que llevaba apuntado en un gimnasio mis progresos habían sido cero, tampoco comía en exceso (de hecho la mayoría de las personas comían más que yo). No, simplemente yo era así, no merecía la pena comerse la cabeza.
Si tuviera que describir mi forma de ser seguramente la palabra más adecuada sería 'frió'.
La verdad es que verme rodeado de gente me ponía nervioso, me impedía pensar con claridad, y solo lo soportaba unas horas al día. Solo con mis amigos me encontraba a gusto.
Y las mujeres... claro que me gustaban, pero creo que no lo suficiente como para variar en lo más mínimo mi forma de ser. Supongo que había visto a demasiadas personas arrastrarse o hacer el estúpido por dejarse llevar.
Yo estaba a salvo, era inteligente, no iba a permitir que me ocurriera lo mismo.
Y entonces apareció ella. Y entonces toda la farsa se vino abajo.
Llevaba varios meses en mi vida, nunca comprendí como de pronto se hizo omnipresente, siempre en mi mente, no se ni como pude concentrarme lo suficiente como para aprobar el curso.
Empecé las prácticas con solo dos ideas en la cabeza: castigarme por haber sido tan cobarde como para no decirla nada, y pensando mil y un formas de acercarme a ella. Y entonces sí hice todo aquello que me jure que nunca haría: manipulé, engañé y utilicé a un montón de gente. Siempre sin éxito.
Dormía cada vez menos tiempo y no tenía apetito, así que apenas. Dejé de ir al gimnasio, no tenía fuerzas, había decidido que cuando terminase las prácticas me daría de baja, se había terminado tirar el dinero en algo que no producía ningún resultado.
Mi humor empeoraba día tras día. En el trabajo no estaba haciéndolo muy bien, y mis amigos se hartaron de soportar a alguien que solo podía discutir o llorar su suerte.
Menos horas de sueño y menos apetito.
Poco a poco la falta de sueño, la tensión acumulada y las comidas cada vez más exiguas repercutieron en mi aspecto físico.
Y cuando te encuentras débil y derrotado lo mejor que puedes hacer es escuchar charlas sobre la anorexia cada ve que llegas a casa.
No había forma de hacerles comprender. De la forma más absurda tenía otro frente abierto en mi casa. Me había quedado solo.
Y fue a partir de ese momento cuando realmente mi salud corrió peligro. Podía pasarme días enteros sin dormir, o no comer durante 24 horas simplemente porque no tenía fuerzas
Pero en ningún momento dejé el trabajo. Es más, llegaba antes de tiempo y salía pasada la hora. Mientras trabajaba era feliz, no pensaba en nada, el mundo exterior no existía.
De vez en cuando al salir del trabajo iba a un bar y bebía hasta que no podía más.
Estar borracho es un estado curioso. El mundo se vuelve un lugar sincero, hasta que no puedes soportarlo y vomitas tu propia hipocresía. Entonces estas en paz.
Cuando me encontraba en casa con frecuencia me encerraba solo en la oscuridad. A veces a meditar sobre porque todo se había dado la vuelta en tan poco tiempo, a veces al creer que no podría soportarlo lloraba, llevaba 10 años sin hacerlo.
Durante este periodo escribí a alguno de los mejores relatos que jamás he escrito (Ragnar tenía razón al decir que lo que se escribía con las tripas suele tener fuerza). Aunque borré la mayoría.
Y entonces sin más alguien intento ayudarme. De todos mis amigos, cuando aquellos que me debían mil favores se desentendieron cuando más les necesitaba, él, posiblemente el único de ellos que no me debía nada apareció para ayudarme.
Medió con los demás para que comprendieran, me ayudó a arreglar las cosas en mi casa, en el trabajo. Me quitó el cuchillo de las manos.
Me convenció para que hablara con ella porque no podía seguir así.
Sabía que tenía razón, pero decidí posponer esa confesión hasta que me encontrara con fuerzas. Me sentía muy débil.
Las prácticas habían terminado Y de nuevo me quedaba fuera de la universidad.
Y creo que me alegré por ello. No estaba seguro de que fuera capaz de concentrarme en el curso.
Empecé las prácticas sin necesidad de usar cinturón. Pronto los agujeros que venían no fueron suficientes. Antes de que me diera cuenta le había hecho 8 nuevos.
Los vaqueros (esa ropa que había abandonado hacía una década porque me resultaban estrechos) resultaban ser las únicas prendas que me estaban bien. Adiós a los chándal.
Estuve ocioso durante bastante tiempo. Por lo menos oficialmente.
Aceptaba todo tipo de chapuzas en plan peón, pintor o albañil. Siempre favores, ni contrato ni sueldo. Nada que me atara para que en el momento en que lo necesitara poder abandonarlo.
De todas formas eran trabajos bastante gratificantes. El cansancio te impedía pensar y conseguías mitigar esa sensación creciente de ser un parásito.
Pero yo no estaba "curado" ni mucho menos. Todo lo que había vivido seguía dentro de mí.
Recuerdo uno de esos momentos de albañil. Cuando nos retrasamos debido a que no podíamos destruir un bloque de mármol y hormigón.
Y visualizar la cara de su novio, haber agarrado el pico y comenzado a golpear aquel bloque que llevábamos un cuarto de hora picando sin éxito, y no haberme detenido hasta que lo hice gravilla y mis manos estaban ensangrentadas.
El veneno seguía allí.
Recuerdo como una recaída con el alcohol me devolvió de nuevo al fondo.
Recuerdo sentirme débil, inútil y solo.
Recuerdo como esta vez me levante solo para reconstruir mi vida.
Y como una oferta de trabajo hacía posible la esperanza de cambiar de vida.
Como por fin tuve fuerzas como para confesarme ante ella.
Y su respuesta negativa, allá por el 23 de diciembre. ¡Feliz navidad!
Y sentirme libre
25 de febrero del 2006
Y ahora.
Tengo 20 años.
Sé que puedo sobrevivir a cualquier cosa y destruir a quien me intente dañar.
Sé que tengo la voluntad para medrar, que el mundo puede ser mío si lo deseo.
Ahora peso 60 kilos (y los médicos me dirían que debo ganar 12).
Suelo vestir de forma más formal
Y sé que estas cosas no tienen ninguna importancia. Vivas, amas u odias dentro de tu cabeza.
Ya no dependo de nadie.
Un trabajo, un sueldo, una tarjeta de crédito. Todo a mi nombre.
No ser nunca más una carga para nadie.
Ahora conozco la importancia de tener detrás a alguien que te sostenga cuando vas a caerte.
Los amigos son como la sangre, cuando se está herido acuden sin que se los llame.
Pensaba que nunca cometería ninguna locura por una mujer.
27 kilos.
Perder y recuperar a un montón de gente.
Tocar fondo y volver a subir.
Más de 1500 kilómetros entre seguirla y huir de su recuerdo.
Perder todos los ahorros.
Ser derrotado solo para volverme más fuerte y mejor preparado.
Este martes compré un móvil. El primero que tengo, nunca me han gustado estos chismes (y siguen sin gustarme) pero ahora lo necesito.
¿Yo con un móvil? Sin duda había cambiado. Y pensé en todas las cosas que habían cambiado.
Luego vi el post. Y empecé a escribir esta entrada.
Por: Rufus Stunt Bum | Personal | Comentarios (0) | Referencias (0)